domingo, 10 de agosto de 2008

SEBASTIAN

Sebastian era un niño dulce, inteligente, tranquilo, cooperador, risueño, entre muchas cosas...
Todo empezó un día que regresé del colegio, él con un trajesito verde menta nos estaba esperando en la casa, la verdad no fue tan raro acostumbrarnos a tenerlo allí ya que 2 bebes anteriormente habían hecho que la estadía de él fuera normal.
Mi hermano y yo siempre lo tratamos como un hermanito, mi mamá y papá como un hijo, nunca hubo diferencias y realmente creo que pasara lo que pasara, fuéramos como fuéramos él se hubiera ganado nuestro cariño, pues era un niño con una estrella muy especial.
Nunca imaginamos cuanto nos iba a doler quererlo.
Al principio todo pasó muy normal, como cualquier otro bebe, pachas, pañales, pepes, el famoso aire después de la pacha y toallitas. Nunca fue un bebé muy llorón. Mi mamá dice que de todos los que ha cuidado (tomando en cuenta a mí y a mi hermano) fue el mejor portado. En esto creo que también influyó mucho el que ella fuera mayor y sabía ya como cuidar un bebe; claro nadie niega que Sebastian nunca fue muy molestón.
Nunca lo vimos como un trabajo para mi mamá , cosa que no nos ayudo mucho después. Para nosotros Sebastian había llegado, no importaba cómo, o sea , sí sabíamos porque pero nunca lo vimos como tal. A la semana ya era un Barrientos Alvarez más, cosa que siempre será...
Fue tan fácil acostumbrarnos a él, a sus caritas, sonidos, su olor y sin olvidar los besitos tronadores que daba.
Siempre fue muy colaborador, era tan lindo ver a un niño de 1, 2 y casi 3 años ayudando a hacer oficio con todos en la casa. Siempre hacia más de algo: sacudía las puertas, mesas, sillas muebles, (hasta donde su altura lo permitía) limpiaba individuales; él quería hacer de todo desde que empezó a caminar. Siempre que el teléfono sonaba el corría a contestarlo, aunque no pudiera hablar, era muy inteligente y cada vez que oía la voz de mi abuelita sabía que era ella y le decía "abi".

Fue muy difícil olvidar todo lo que hacía, porque ya él formaba parte de nuestras vidas, hacíamos todo con él, como si fuera integrante ya de la familia. Veíamos televisión juntos, creo que nunca voy a olvidar al famoso "Bob el constructor" recuerdo su carita con la boca abierta cuando lo miraba sentadito o en la mesa de la sala. Le encantaba jugar y hablar con nosotros, le fasinaba jugar con unos carritos que tenía, todos los ponía en fila y los iba moviendo uno por uno ( si mi hermano o yo le escondiamos uno, se daba cuenta y nos decia "dame").
Pocas fueron las veces que lo regañaron, era bien portado. Las únicas veces que mi mamá si lo regañó y le daba una nalgadita era cuando mordía a mi hermano, pero estabamos tan encariñados con él que yo lo defendía o no le deciamos a mi mamá. Cuando si lo regañaba él hacia pucheros y se iba al cuarto; como a los diez minutos regresaba pidiendo perdón con su carita y preguntaba si podía salir.
Fue demasiando el tiempo que pasó con nosotros para que no nos doliera su partida, no olvido el día que mi mamá recibió esa llamada del abogado diciéndole que lo teníamos que dejar en una casa hogar, por problemas legales que había tenido.
Recuerdo lo horrible y difícil que fue ese día, donde todavía con esa noticia tuvimos que ir a la casa de un tío (al cumpleaños de un primo) y poner "bonita cara" cuando nos estábamos muriendo por dentro.
Todo fue tan rápido, un domingo nos avisaron y después de una semana lo teníamos que dejar en la casa hogar. Creo ha sido la peor semana que hemos vivido con mi familia.

El día que Sebastian se fue, antes de irnos recuerdo que hubo la oportunidad de quedarme sola con él. Lo senté en el sillón (estaba enfermito de la gripe, cosa que hasta la fecha creemos que pasó porque durante todo ese tiempo él percibió lo que sucedía) le hable, lo acaricie, le di tantos besitos, llorando diciéndole que lo iba a extrañar mucho y que pasara lo que pasara siempre lo iba a querer; el con sus manitas me agarraba la cara y me secaba las lagrimas con carita de sorprendido y confundido. Lo abrace por última vez y le di un beso, sabía que esta era la última vez que lo podía hacer, me seque las lágrimas porque ya era hora de irnos.

Fue un camino largo y callado. Llegamos a la casa hogar, realmente no me acuerdo mucho de ella creo que en ese momento todos estábamos tratando de controlarnos para que Sebastian no se asustará y se quedara mal. Quiera que no un niño de 3 años ya siente y percibe su alrededor.

Todos no sentamos: mi mamá, papá, hermano, el abogado, una señora y yo. No podía evitar sentirme mal, pensar que era la última vez que lo iba a ver, tocar, besar; fue horrible. Aún no entiendo como mi mamá pudo hablar tan calmada cuando yo a mí se me estaba estrujando el corazon por dentro. Respire, lo vi y quise retener esa imagen de él en mi cabeza para nunca olvidarlo. Me pare y salí de la habitación donde estaba. Al salir rompí en llanto, sin comprender lo que nos estaba pasando, luego solo vi como cada integrante de mi familia salía uno por uno, para que Sebastian poco a poco se fuera acostumbrando a estar sin nosotros. La última en salir fue mi mamá, me dolió tanto ver su cara de impotencia ante la situación.

Salimos de la casa hogar, cosa nada fácil ya que mi mamá, mi hermano y yo no parábamos de llorar, fue un camino en donde solo se oyó como todos llorábamos; largo y vació.

Fue muy difícil sobrellevar la situación, creo que todos tratamos de apoyarnos, salir adelante, y pensar que al fin de todo Sebastian se tenía que ir; claro no a una casa hogar sino con una familia adoptiva; pero al fin de cuentas se tenía que ir.
Pasamos un año sin poderlo ver sabiendo que estaba aquí en Guatemala, creímos que no era justo el que nos volviera a ver y se recordará de nosotros.
Luego Silvia su actual mamá lo adopto y nos mando a llamar, se enteró de la historia de Sebastian y quiso conocernos y que le habláramos un poquito de él. Lo vimos de nuevo después de 2 años de no verlo. Creo que no nos reconoció pero a la vez fue extraño como tan en cuestión de 2 minutos agarro confianza con todos, como si nos conociera desde siempre. Platicamos de él y de como había sido todo el proceso para adoptarlo, Silvia nos contó de ella, de su familia y su casa en Carolina del Norte
Fue muy reconfortable volverlo a ver bien, algo callado cosa que no era, pero obviamente tuvo que haber cambiado después de lo vivido. Nos despedimos de nuevo situación que también fue dolorosa; pero ahora sabíamos que iba con una familia la cual lo deseaba y estaba feliz de tenerlo.
Silvia y su familia nos mandan fotos constantemente de Sebastian contándonos todo lo qué pasa en sus vidas, en el 2004 nos visitaron, Sebastian estaba ya grande y sólo inglés hablaba, la pasamos muy bien, creo que fue muy bueno para nosotros verlo tan bien y tan felíz.
Claro nadie nos va a quitar los días y noches que pasamos tanto nosotros como él llorando, tristes y sintiéndonos impotentes de saber que no podíamos hacer nada. Pero es muy gratificante saber que está donde tiene que estar y que sabe que acá en Guatemala siempre tendrá una familia que lo quizo y lo querra por siempre.





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